Hoja parroquial


Parroquias de Cangas de Onís, Dego, San Juan de Parres y Villanueva

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        Nº 50            13 de noviembre de 2016           Dep. legal AS 04383-2014


AVISOS: Cangas: Misas de la quincena: lunes 14 por intenciones de Luisita; martes 15 por Nicolás Cuadriello; miércoles 16 por difuntos familia Tárano Fernández; jueves 17 por Mª Teresa Caso; viernes 18 por Gerardo López; sábado 19, a las 12, aniversario de Raúl y Pilita; a las 7 por Etelvina y Angeles; domingo 20, a las 12 por intenciones de Yayo y a las 7 por intenciones de Leonor; lunes 21 por J. Luis y Celso Diego; martes 22 por intenciones de Mary y por Saliniano, Higinio y Cándida; miércoles 23 por Higinio y Pilar; jueves 24 por Antonio Rguez. e Isabelita Piñán; viernes 25 por Bernardo y Carolina; sábado 26 por Ceferino Gancedo; domingo 27, a las 12, por intenciones de Luisita y a las 7 por Arcadio y Rita. Capillas: Tornín sábado 19 a las 11;  Cardes el sábado 26, a las 11, por Amado Glez y Manuela Teleña; en San Cosme el domingo 27 a las 4.

Dego: los dos sábados a las 5.

San Juan de Parres: sábado 19 por José Corteguera y sábado 26 ofrecida a la Virgen de la Salud, ambas a las 4. En Vallobil el jueves 17 a las 5 por difuntos de Angelita y Pili.

Villanueva: los dos sábados a las 6.

 

EL TEMA BIBLICO: Mañana lunes corresponde leer en Misa un pasaje del libro del Apocalipsis (2, 1ss), que, entre otras cosas, dice: “al ángel de la iglesia de Efeso describe: esto dice el que tiene las siete estrellas en su mano derecha y anda entre los siete candelabros de oro…” ¿A qué ángel se dirige? ¿Qué estrellas y candelabros son esos?

Los ángeles de las siete iglesias a las que se dirige el autor son los líderes religiosos de las mismas. Los siete candelabros representan al nuevo pueblo de Dios: la Iglesia. El autor utiliza un símbolo que los judíos conocían bien, porque en el templo de Jerusalén había un candelabro de siete brazos, llamado menora, que simbolizaba al antiguo pueblo de Dios, Israel. El que tiene las siete estrellas en la mano es Cristo, en cuya mano está el destino de las siete comunidades, es decir, el destino de todas. En suma, el autor pretende tranquilizar a los cristianos perseguidos por Roma, asegurándoles que el imperio romano caería, mientras que el poder de Dios perdura por siempre.

 

                                 Carta del señor Arzobispo – Día de la Iglesia Diocesana

 

Es lo primero que nos encontramos y es de lo último que despedimos: nacemos en el ámbito de una familia y es esa familia la que nos dice el último adiós. Pero esa realidad se alarga para poder comprender desde su clave y el significado de su metáfora lo que propiamente es la comunidad cristiana, puesto que la Iglesia es también una familia.

No hay sondeo de opinión o encuesta que se precie que no vuelva a poner en valor la altísima estima que goza la familia. En ese contexto venimos a la vida y allí somos acogidos. Allí damos los primeros pasos y vamos absorbiendo los valores y perspectivas que la gente que más nos quiere nos va transmitiendo, como mejor puede y sabe. Pero sobre la familia hay tantas miradas, tantas expectativas, tantas pretensiones…tantos logros felices y tantos fracasos y heridas. Estamos en un momento en el que no siempre y no por todos se protege y se acompaña a la familia. No es halagüeño el horizonte que se dibuja y sin embargo hay un hilo de esperanza, cuando volvemos e reconocer que en el corazón de cada hombre y de cada mujer se alberga un deseo de plenitud que sólo se alcanza en la comunión de vida, no desde la soledad. Efectivamente, Dios es comunión de personas y nos hizo a su imagen y semejanza, como una familia. No es algo, por tanto, que pueda ser considerado baladí, opcional, culturalmente coyuntural, sino algo que responde a la voluntad creadora de quien nos hizo. Hay que avanzar mar adentro en las procelosas aguas de este momento duro y apasionante que es la aventura de la vida, en medio de la ambigüedad de un pensamiento débil y el relativismo moral que nos acecha. Hemos de hacer este camino fiados de la providencia del Señor y de la Iglesia, entre diluvios que nos asustan por fuera y vías de agua que se nos abren por dentro. Como miembros de una comunidad diocesana, todos los que la componemos somos una verdadera familia: los hay niños y ancianos, personas que se abren a los primeros retos y aquellos que tienen afianzada ya su sabiduría; hogares donde todo discurre en paz y armonía y también casas en donde se pone a prueba la esperanza y sufren todo tipo de dificultades. Pero, en todo caso y siempre, la familia es el espacio donde se nos acoge, se nos nutre, se nos educa y defiende, donde aprendemos a vivir las cosas con el mundo delante y donde incluso por Dios y su gracia somos despertados religiosamente. No es sólo la familia de la Iglesia que formamos como diócesis, sino también esa familia más amplia que representa la humanidad que coincide en nuestras calles y plazas, las gentes que viven toda suerte de situaciones para bien y para mal. Los pobres con todos sus rostros son también una familia que se nos confía y con los que vivir como cristianos todas las obras de misericordia. Por eso la comunidad diocesana necesita sostener todo cuanto precisamos para abrazar la familia y salir al paso de sus gozos y alientos, así como de sus sofocos y estragos. La gran familia que representa la Iglesia diocesana tiene templos donde expresar la fe, locales donde dar catequesis, espacios donde acoger a los necesitados, medios e instrumentos donde compartir nuestra cultura y proponer la visión cristiana de la vida especialmente cuando esta se encuentra más amenazada. Por ese motivo hemos de sentirnos miembros vivos de esta familia diocesana donde con cada uno seguir llevando adelante lo que Jesús nos dejó como herencia y tarea en la iglesia. Es el testimonio dulce y sereno que en medio de la intemperie queremos acercar humildemente los cristianos.   Jesús Sanz Montes

 

                                            Balance de cuentas diocesanas año 2015

Ingresos: Por la X en las declaraciones de la renta…5.253.622 euros; aportaciones directas de los fieles…3.876.879; a través de las parroquias…1.028.172; colectas de la Iglesia diocesana…218.352; otros ingresos…1.025.450 euros.

Gastos: sueldos de sacerdotes y otros empleados…6.630.461 euros; acciones pastorales y asistenciales…1.780.685; gastos extraordinarios…1.141.360; obras y conservación de inmuebles…767.636; comunidad eclesial…583.857; otros gastos…498.476.

 

ORACION: Al concluir el Año de la Misericordia, te doy gracias, Señor, por lo misericordioso que eres conmigo. Gracias porque cada vez que me alejo de Ti esperas mi regreso. Gracias porque perdonas mi egoísmo, mi codicia, mi pereza…Quisiera amar como Tú amas, sin pedir nada a cambio. Ayúdame a ser más misericordioso-a para sentir como propios los sufrimientos ajenos. Que sepa hacerme prójimo de quienes se crucen en mi camino y me necesiten. Que nadie me resulte indiferente. Que sepa adelantarme a ayudar, incluso antes de que me lo pidan. Que sepa contagiar la alegría y el optimismo que nos debe caracterizar a los cristianos. Que sepa aceptar que puedo aprender incluso de aquellos de los que me siento más distante o a los que tengo menos aprecio. Que nunca me olvide que, para apelar a tu misericordia conmigo, tengo primero el deber de ser misericordioso con los demás.

 

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