Parroquia de Cangas de Onís

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La IGLESIA y la sociedad

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LA VOZ DE LA IGLESIA ANTE TEMAS SOCIALES


LA IGLESIA Y EL “MATRIMONIO” GAY

     A muchos les parece que el hacer posible que se casen dos hombres o dos mujeres es una medida de justicia. Si todos los ciudadanos tienen derecho a contraer matrimonio, ¿por qué no los homosexuales? Si las familias suelen organizarse en torno a dos personas que comparten su vida, ¿por qué esas dos personas han de ser siempre un hombre y una mujer? Si todo matrimonio puede procrear hijos o adoptarlos, ¿por qué privar a las parejas homosexuales de esa posibilidad?

     Sin embargo, la Iglesia, remontándose a la razón humana, a la Sagrada Escritura y a toda la tradición, sigue insistiendo: el matrimonio es la unión conyugal de un hombre y de una mujer, orientada a la ayuda mutua y a la procreación y educación de los hijos.

     En esta defensa a ultranza de la institución matrimonial, la Iglesia no “gana” nada. No obtiene ningún “beneficio”. No aumenta su poder, ni su influencia, ni tampoco incrementa la cantidad de donativos que pueda recibir. Al contrario, se expone al escarnio público por parte de algunos colectivos muy influyentes y al rechazo de sus posiciones por parte de sectores importantes de población. Si a pesar de este “coste”, la Iglesia sigue insistiendo en su mensaje, es que algo muy serio está en juego.

     En efecto, el matrimonio no es una institución meramente “convencional”; no es el resultado de un acuerdo o pacto social. Tiene un origen más profundo. Se basa en la voluntad creadora de Dios. Dios une al hombre y a la mujer para que formen “una sola carne” y puedan transmitir la vida humana: “Sed fecundos y multiplicaos y llenad la tierra”. Es decir, el matrimonio es una institución natural, cuyo autor es, en última instancia, el mismo Dios. Jesucristo, al elevarlo a la dignidad de sacramento, no modifica la esencia del matrimonio; no crea un matrimonio nuevo, sólo para los católicos, frente al matrimonio natural, que sería para todos. El matrimonio sigue siendo el mismo, pero para los bautizados es, además, sacramento.

     Lo que está en juego, en este caso como en cualquier otro en el que la Iglesia alza la voz, es el respeto a la dignidad de la persona humana y a la verdad sobre el hombre. El sujeto de derechos es la persona, no una peculiar orientación sexual. El matrimonio no es cualquier cosa; no es cualquier tipo de asociación entre dos personas que se quieren, sino que es la íntima comunidad conyugal de vida y amor abierta a la transmisión de la vida; comunidad conyugal y fecunda que sólo puede establecerse entre hombre y mujer.

     El número 2358 del Catecismo de la Iglesia Católica recoge, al respecto, lo siguiente: “Un número apreciable de hombres y mujeres presentan tendencias homosexuales instintivas. No eligen su condición homosexual; ésta constituye para la mayoría de ellos una auténtica prueba. Deben ser acogidos con respeto, compasión y delicadeza. Se evitará, respecto a ellos, todo signo de discriminación injusta”.

     En lo referente a los actos homosexuales, la Iglesia, considera que son antinaturales y desordenados y no pueden, por tanto, recibir aprobación alguna. Pero la Iglesia rechaza el pecado, no al pecador. La doctrina de la Iglesia es la de acoger y comprender al pecador, porque todos somos pecadores y estamos llamados a luchar para superar nuestros pecados. Nadie es responsable de sus tendencias. Todos estamos llamados a la mayor amistad y relación con Dios, a pesar de que todos tenemos tendencia a pecar de un modo u otro. La Iglesia acoge a las personas con tendencias homosexuales igual que a los demás. Únicamente les pide -a ellos y a todos- que luchen por superar las tendencias que les llevan a cometer pecados.

     En definitiva, la Iglesia no condena la tendencia a la homosexualidad, lo que condena son los actos homosexuales. Y ello con la limitación de que nadie, salvo Dios, es capaz de juzgar la conciencia de otra persona. Por eso la Iglesia condena el hecho objetivo inmoral (en este caso el acto homosexual) dejando fuera de su juicio la responsabilidad moral de quien ha cometido ese hecho.

     En cuanto a la cuestión del matrimonio entre homosexuales, la Iglesia no niega a los homosexuales su derecho a unirse: los homosexuales pueden casarse igual que cualquier otra persona. Pero no bajo la forma de matrimonio canónico o eclesiástico, ya que éste sólo hace referencia al consorcio de toda la vida entre varón y mujer, dirigido a buscar el bien de los cónyuges y a la generación y educación de los hijos.

     Lo que actualmente pretenden los colectivos homosexuales no es el reconocimiento del derecho al matrimonio para los homosexuales, sino el cambio de la definición de matrimonio para que incluya a las uniones entre dos varones o entre dos mujeres.

     En cualquier caso, interesa señalar que -además de los argumentos de razón que se pueden dar- los católicos consideran que la doctrina del matrimonio forma parte de la Revelación divina. No se puede negar a la Iglesia el derecho a organizar el matrimonio como estime conveniente. Nadie está obligado a adherirse a la doctrina de la Iglesia sobre el matrimonio, pero todos están obligados a respetar las creencias de los católicos sobre este punto. Por eso no debe imponerse a la Iglesia qué se debe y qué no se debe creer, así como el interpretar y aplicar la Sagrada Escritura y la tradición a nuestros días.

     En resumen, la Iglesia no condena ni discrimina a los homosexuales, ni prohíbe su unión como proyecto en común, a través del cuál poder alcanzar la felicidad a la que todos estamos llamados, pero sí deja claro que la unión matrimonial, como sacramento, sólo puede hacer referencia a la pareja formada por un hombre y una mujer que libremente se unen con el fin de buscar el desarrollo integral personal y el de la pareja, así como el de los hijos que puedan surgir de dicha unión.


LA IGLESIA Y LA CREMACIÓN DE LOS CADÁVERES  (indice)

¿Cuándo quedó permitida la cremación para los Católicos?

     En un tiempo la Iglesia prohibía la cremación, pero este ya no es el caso. En 1963, la Iglesia Católica levantó esta prohibición que impedía a los católicos optar por la cremación. El canon 1176 del Código de Derecho Canónico de 1983 establece, “La Iglesia aconseja vivamente que se conserve la piadosa costumbre de sepultar el cadáver de los difuntos; sin embargo, no prohíbe la cremación, a no ser que haya sido elegida por razones contrarias a la doctrina Cristiana”.

¿Por qué estaba prohibida la cremación?

     Los católicos creemos que las personas hemos sido creadas a imagen y semejanza de Dios, y que toda la creación de Dios es sagrada. Así como el cuerpo debe tratarse con respeto en vida, debe ser tratado con igual respeto en la muerte. Como católicos creemos que “en el bautismo el cuerpo fue marcado con el sello de La Trinidad y se convirtió en el templo del Espíritu Santo”, y como tal, “los cristianos respetan y honran los cuerpos de los difuntos y los lugares donde descansan”.

     Desde los inicios del Cristianismo, la cremación se consideraba un rito pagano que se percibía como contrario a esta y otras enseñanzas Católicas y, por lo tanto, estaba prohibida por la Iglesia Católica. Hoy en día, la cremación sólo está prohibida si la persona que la elige lo está haciendo para negar la doctrina cristiana, especialmente la resurrección de los muertos y la inmortalidad del alma.

¿Qué es la cremación?

     La cremación es el proceso de incineración total del cuerpo a temperaturas extremas y llamas. Todas las sustancias se consumen y se evaporan con excepción de los fragmentos óseos (huesos) y cualquier material no inflamable. Los fragmentos óseos pueden ser pulverizados más aun después de enfriarse. Estos restos pesan entre 1,8 kg a 4,5 kg.

¿Cuál es el nombre correcto para estos restos?

     Lo que solemos llamar “cenizas” no es en realidad la ceniza propiamente dicha sino partículas óseas (restos de los huesos). El término correcto para los restos del cuerpo después de la cremación es restos mortales cremados. La Iglesia sostiene además que estos restos sean tratados con el mismo respeto dado al cuerpo antes de la cremación, lo que incluye el uso de un “recipiente digno” o urna para los restos mortales cremados.

¿Cuándo debe procederse a la cremación?

     La iglesia prefiere firmemente que se proceda a la cremación después de haber celebrado la liturgia del funeral. La creencia de la Iglesia en lo sagrado de la vida y la resurrección de los muertos nos anima a celebrar las liturgias de los funerales con el cuerpo presente al tiempo que se afirma el valor de la vida humana.

     Como católicos celebramos nuestras liturgias de los funerales porque recuerdan la victoria de Cristo sobre la muerte. Con Su victoria, viene nuestra promesa de vida eterna. Si no es posible que el cuerpo esté presente en la Misa de Difuntos, la Iglesia Católica ha concedido autorización para oficiar la Misa de Difuntos con la presencia de los restos mortales cremados en la iglesia. Debido a que están presentes los 'restos mortales' y no el cuerpo del difunto, hay ligeras adaptaciones en la liturgia. En algunas diócesis, se necesita una autorización local para que los restos mortales cremados estén presentes en la Misa.

¿Qué ritos católicos están disponibles para aquellos que eligen la cremación?

     El Orden de los Funerales Cristianos presenta el plan de la Iglesia para la celebración de la muerte de uno de sus fieles. Estos ritos suponen la presencia del cadáver, pero hay adaptaciones disponibles para aquellos que eligen la cremación. El Orden de los Funerales Cristianos consta de tres partes:

§  La Vigilia y los Ritos y Oraciones conexos (el velatorio). Dan a los familiares y amigos la oportunidad de reunirse en presencia del difunto y ofrecer consuelo y oraciones para sí y para el difunto, y recordar su vida cristiana.

§  La Liturgia del Funeral (el funeral). Es oficiada a menudo durante la Misa, pero que puede celebrarse fuera de la Misa, y nos permite revivir el misterio de la Pascua de Resurrección y la promesa de vida eterna de Cristo.

§  El Rito de Sepultura (el entierro). Es nuestra despedida de nuestro querido hermano o hermana en Cristo. En este momento dejamos el cuidado de nuestro ser querido al cementerio mientras esperamos la resurrección de los muertos junto con la comunión de los santos.

¿Cómo se deben tratar los restos mortales cremados?

     Antes de la cremación, se deben hacer los preparativos para la disposición final de los restos mortales cremados entre la familia del difunto, el crematorio, el director de la funeraria y el cementerio. Una vez recibidos, los restos mortales cremados deben ser tratados con respeto en la manera cómo son llevados, transportados, atendidos y durante su disposición final.

¿Qué debo hacer con los restos mortales cremados una vez que los reciba?


     Los restos mortales cremados deben ser enterrados o sepultados. La práctica de dispersar los restos mortales cremados, o guardarlos en casa, o dividirlos entre varios miembros de la familia, no constituye la disposición final reverente que la Iglesia requiere. La mayoría de los cementerios católicos tienen espacios en tumbas o criptas o nichos para los restos mortales cremados. Esto propicia las visitas, la conmemoración y las oraciones. La Iglesia sigue prefiriendo y recomienda encarecidamente a los fieles, el entierro o sepultura de los cuerpos de sus seres queridos difuntos. Sin embargo, si se elige la cremación por razones válidas, la iglesia desea apoyar a los fieles para honrar la vida y memoria de los difuntos.


LA OPINIÓN DEL PAPA  (indice)

     El papa Francisco dijo que la Iglesia Católica no tendría que permitir que las prohibiciones al matrimonio homosexual, el aborto y la anticoncepción dominen sus enseñanzas, sino que debería ser un credo más acogedor en el que los sacerdotes sean pastores comprensivos y no burócratas fríos y dogmáticos.

     En una entrevista con Civiltá Cattolica, la publicación mensual de la comunidad jesuita italiana, Francisco no dijo que ese tipo de enseñanzas morales fuera a cambiar pronto, pero pareció intentar un giro en el tono desde la condena hacia la misericordia.

     El primer Papa no europeo en 1.300 años y también el primero de América Latina dijo que “la iglesia de 1.200 millones de fieles se había encerrado en sí misma en pequeñas cosas, en pequeñas reglas mezquinas” y agregó “debería verse a sí misma como un hospital de campaña después de una batalla e intentar sanar las grandes heridas de la sociedad y no estar obsesionada con la transmisión de una multitud de doctrinas dispersas mediante una insistente imposición”.

     “No podemos insistir sólo en temas relacionados con el aborto, el matrimonio gay y el uso de métodos anticonceptivos. Eso no es posible. No he hablado mucho de estas cosas y fui reprendido por eso”, manifestó el papa Francisco. “Cuando hablamos de estos temas, tenemos que hablar de ellos en un contexto. La enseñanza de la Iglesia sobre este asunto es clara y soy hijo de la Iglesia, pero no es necesario hablar de estos temas todo el tiempo”, agregó.

     Refiriéndose puntualmente a los homosexuales, expresó “es necesario siempre considerar a la persona. Aquí entramos en el misterio del hombre. En la vida, Dios acompaña a las personas y nosotros debemos acompañarlas a partir de su condición. Es necesario acompañar con misericordia”

     En otro tramo de la entrevista, el papa Bergoglio habló de su pasado en la Argentina y dijo que “jamás ha sido de derechas”. “Mi forma autoritaria y rápida de tomar decisiones me ha llevado a tener problemas serios y a ser acusado de ultraconservador. Tuve un momento de gran crisis interior estando en Córdoba. No habré sido ciertamente como la beata Imelda, pero jamás he sido de derechas”, afirmó.

     La Iglesia es la totalidad del pueblo de Dios y con la que debemos sentir que es la casa de todos. No se trata de una pequeña capilla que contiene a un grupito de personas seleccionadas, afirmó y agregó “no debemos reducir el seno de la Iglesia universal a un nido protector de nuestra mediocridad”.

El papa Francisco dijo que la Iglesia Católica no tendría que permitir que las prohibiciones al matrimonio homosexual, el aborto y la anticoncepción dominen sus enseñanzas, sino que debería ser un credo más acogedor en el que los sacerdotes sean pastores comprensivos y no burócratas fríos y dogmáticos.

En una entrevista con Civiltá Cattolica, la publicación mensual de la comunidad jesuita italiana, Francisco no dijo que ese tipo de enseñanzas morales fuera a cambiar pronto, pero pareció intentar un giro en el tono desde la condena hacia la misericordia.

El primer Papa no europeo en 1.300 años y también el primero de América Latina dijo que “la iglesia de 1.200 millones de fieles se había encerrado en sí misma en pequeñas cosas, en pequeñas reglas mezquinas” y agregó “debería verse a sí misma como un hospital de campaña luego de una batalla e intentar sanar las grandes heridas de la sociedad y no estar obsesionada con la transmisión de una multitud de doctrinas dispersas mediante una insistente imposición”.

“No podemos insistir sólo en temas relacionados con el aborto, el matrimonio gay y el uso de métodos anticonceptivos. Eso no es posible. No he hablado mucho de estas cosas y fui reprendido por eso”, manifestó el papa Francisco. “Cuando hablamos de estos temas, tenemos que hablar de ellos en un contexto. La enseñanza de la Iglesia sobre este asunto es clara y soy hijo de la Iglesia, pero no es necesario hablar de estos temas todo el tiempo”, agregó.

Refiriéndose puntualmente a los homosexuales, expresó “es necesario siempre considerar a la persona. Aquí entramos en el misterio del hombre. En la vida, Dios acompaña a las personas y nosotros debemos acompañarlas a partir de su condición. Es necesario acompañar con misericordia”

En otro tramo de la entrevista, el papa Bergoglio habló de su pasado en la Argentina y dijo que “jamás ha sido de derecha”. “Mi forma autoritaria y rápida de tomar decisiones me ha llevado a tener problemas serios y a ser acusado de ultraconservador. Tuve un momento de gran crisis interior estando en Córdoba. No habré sido ciertamente como la beata Imelda, pero jamás he sido de derecha”, afirmó.

La Iglesia es la totalidad del pueblo de Dios y con la que debemos sentir que es la casa de todos. No se trata de una pequeña capilla que contiene a un grupito de personas seleccionadas, afirmó y agregó “no debemos reducir el seno de la Iglesia universal a un nido protector de nuestra mediocridad”.-

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