Parroquia de Cangas de Onís

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Preparación para la MUERTE

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     Afrontar la realidad de la Muerte significa disponerse a reflexionar de manera profunda y consciente sobre la caducidad de todas las cosas y de todos los seres, sobre nuestra propia muerte y en última instancia sobre el significado que tenga para nosotros la Vida. Esta reflexión además de ayudarnos a liberar esa angustia que podamos mantener en nuestro interior y que nos perturba de forma inconsciente, supone un verdadero comienzo de preparación a la propia muerte, una muerte que no sabemos cuando llegará pero que sabemos seguro que algún día llegará.

     Pararse a pensar en ello trae consigo una mayor claridad mental que nos ayuda a reconsiderar nuestras prioridades y escala de valores, revaloriza de forma sorprendente todas nuestras relaciones personales y lazos afectivos y nos aporta en definitiva un estado de mayor consciencia y de felicidad.La muerte puede convertirse en nuestra gran aliada para que le saquemos el máximo provecho a la vida. Gracias a ella podemos quitarnos de encima muchas preocupaciones absurdas e innecesarias y centrarnos en todo aquello que verdaderamente merece la pena. La muerte nos sitúa en nuestro espacio temporal transitorio y nos impulsa hacia una búsqueda de respuestas a las grandes preguntas existenciales.Para las personas que se encuentren en situación de grave enfermedad o de enfermedad terminal, afrontar la muerte tendrá sin duda un significado diferente, ya que supondrá enfrentarse a la realidad de una muerte que se percibirá más real que nunca. A estas personas pueden surgirles a lo largo de su intenso proceso una serie de inquietudes existenciales que requerirán de una adecuada atención espiritual.Expongo en estos contenidos una combinación de perspectivas y enfoques psicológicos, filosóficos y espirituales en mayor o menor medida según cada apartado que deseo sirva de ayuda a todo aquel que sienta temor hacia la muerte, a quien esté acompañando a alguien en el final de la vida, a quien sufra la pérdida de un ser querido o a quien sencillamente tenga interés por un tema tan trascendente y que nos incumbe a todos. Espero que encuentres en estas páginas una perspectiva positiva y esperanzadora.


Ciclo de Muerte y Vida  (indice)

     Bajo este título que habitualmente vemos escrito al revés, con “Muerte y Vida” decimos una gran verdad. Y es que no hay Vida posible si ésta no viene precedida de una Muerte. Esto lo podemos ver en infinidad de cosas todos los días en nuestra vida cotidiana con el mero hecho de observar con atención el funcionamiento de la naturaleza.Claro ejemplo son las estaciones del año, todos vemos como después de un largo y frío invierno aparece como de la nada una floreciente primavera que tiñe los bosques y praderas de mil colores hasta que su periodo de explosión vital llega a su fin para dar paso al verano donde toda ésta ebullición de vida alcanza su madurez.

     El verano muere también y abre sus puertas al otoño, época de recogimiento que nos prepara para la llegada nuevamente del frío invierno. Este Ciclo continuo de Vida y Muerte lo podemos observar en todas partes, en el amanecer de un nuevo día que avanza lentamente hasta su atardecer y muere en el ocaso para volver a renacer al día siguiente. Lo vemos en el fruto maduro que cae al suelo y se descompone pero no sin antes dejar su semilla para que nazca un nuevo árbol con nuevos frutos...

     Nosotros mismos morimos un poco cada día cuando nos acostamos por la noche y caemos en un profundo sueño reparador que nos permite renacer al día siguiente con energía renovada y un nuevo ímpetu que nos da la fuerza necesaria para iniciar la nueva jornada. Todo nace y todo muere, esto es algo tan natural que simplemente observando lo que sucede a nuestro alrededor vemos con claridad como la Muerte es parte fundamental de la Vida. Esta reflexión sobre el ciclo continuo de vida y muerte no solo puede ayudarnos a dejar de ver el acto de morir como un hecho trágico para verlo como algo perfectamente natural que sigue las leyes de una naturaleza a la cual pertenecemos, sino que lo más importante es que nos despierta a la realidad del Aquí y Ahora para que vivamos el momento presente de manera más consciente. Nos recuerda que cada momento, cada relación, cada experiencia que vivimos es única e irrepetible y que la vida merece la pena ser vivida con plenitud.En el mundo occidental principalmente existe una tendencia desde hace siglos y que perdura todavía hoy en gran parte de la sociedad que consiste en eludir a toda costa hablar de cualquier tema relacionado con la Muerte.

     Esta evasión permanente va forjando poco a poco una actitud de rechazo que provoca una incomodidad cuando alguien nos hace alguna referencia a la Muerte, tanto es así que a muchas personas les produce un gran malestar hablar de ello, les resulta desagradable, molesto, como si hablando de ello se estuviera de algún modo llamando a su puerta. Esta manera de reaccionar es muy común en nuestra sociedad actual fruto de una prácticamente inexistente sensibilización sobre este tema tanto en el ámbito educativo como en el familiar. Estas personas podrían ser más vulnerables y estar en cierto modo más expuestas al sufrimiento cuando tengan que experimentar las emociones de una muerte cercana o durante el acompañamiento de un ser querido.

Es lógico y comprensible que en las etapas de infancia y juventud cuando se está lleno de vida y de proyectos personales no apetezca pensar en el tramo final de nuestra vida, ya llegará su momento pensamos, y en parte no les falta razón a quienes así piensan, pero sería bueno para todos si de algún modo pudiéramos familiarizarnos con el concepto de la Muerte y del Duelo ya de niños abordándolo sin tapujos y con naturalidad.

     Cuando se nos muere una mascota por ejemplo, esto puede ser una oportunidad para hablar de ello con nuestros hijos en lugar de eludir el tema o minimizarlo.

     Tampoco hace falta profundizar en exceso ni utilizar palabras extrañas, podemos simplemente explicarles que la muerte es una etapa más de la vida, que no es algo aparte y que todos tarde o temprano llegaremos un día a esa etapa. Podemos decirles incluso con toda tranquilidad que después de morir nos vamos a un lugar en el que no hay sufrimiento y en el que se está muy bien.

     Cualquier situación es buena para hablar de ello si se hace con naturalidad. Esta actitud favorecerá a que en el futuro esta persona pueda afrontar mucho mejor la pérdida de un familiar o amigo y su consiguiente proceso de duelo.La cuestión es conseguir romper el silencio sobre este tema ya de pequeños más allá de la simple frase: “cuando alguien muere se va al cielo”, para que deje de ser un tema tabú y nos resulte menos escabroso tal y como sucede en muchas otras culturas en las que la Vida y la Muerte se entienden como un Todo.


El proceso de Duelo  (indice)

     Podemos definir el Duelo como un proceso de adaptación emocional que se inicia tras la pérdida de un ser querido. Cada uno de nosotros vive esta experiencia de un modo muy particular debido a que influyen muchos aspectos personales, emocionales, afectivos, psicológicos, culturales que hacen que resulte en vano cualquier intento de comparación. Nadie debe sentirse culpable por superar un proceso de Duelo mucho antes o mucho después que otra persona, el tiempo destinado a este proceso no significa en modo alguno querer más o menos a la persona fallecida y cada uno lo asimila y exterioriza a su manera. Los psicólogos nos hablan de 5 Fases o Etapas por las que transcurre el proceso de Duelo aunque es importante mencionar que si bien es cierto que en la mayoría de casos suele producirse esta secuencia de fases con un mayor o menor intervalo de tiempo, también es cierto que nada hay prescrito en este tema y por lo tanto siempre puede haber personas que vivan este proceso de un modo completamente diferente al habitual. Las 5 fases son:

1.- Negación. Esta fase suele asociarse a las muertes repentinas e inesperadas con las que solemos quedarnos en estado de shock al recibir la noticia. No podemos creer ni asimilar en ese mismo instante lo que nos están diciendo. No lo creemos posible, es como si no nos estuviera pasando a nosotros, a menudo no se produce ninguna reacción, el desconcierto es absoluto.

2.- Enfado. Tras el shock surge el enfado, la culpa, pensamos en todo lo que podríamos haber hecho y no hicimos, daríamos lo que fuera para volver atrás y tratar de evitar lo sucedido. Es una etapa marcada por los sentimientos de rabia y no se suele estar muy receptivo a las palabras de consuelo. Será bueno expresar las emociones, desahogarse y sacar todo lo que se tiene dentro.

3.- Negociación. Después del enfado y de buscar culpables, comenzamos a ser conscientes de la realidad de los hechos y de que no hay vuelta atrás. Esta pérdida además de conmocionarnos ha originado una desorganización personal que deberemos ir recomponiendo para encontrar la manera de encajar la nueva situación tanto a nivel interno como con nuestro entorno.

4.- Depresión. Es una etapa especialmente delicada puesto que sentimos un enorme vacío que puede producirnos un intenso dolor. La tristeza puede llegar a ser tan profunda que es relativamente fácil caer en una depresión. Esto forma parte del proceso y será bueno que las personas que nos rodean y apoyan lo comprendan y nos den tiempo. No obstante si la situación se estancara podría resultar necesaria alguna ayuda profesional para poder seguir avanzando.

5.- Aceptación. Esta fase implica una plena aceptación de la pérdida y en muchos casos supone un verdadero renacimiento como persona. Superar no es olvidar. No olvidaremos jamás a esa persona y siempre la mantendremos viva en nuestro corazón. Su recuerdo ya no nos crea dolor ni sufrimiento, más bien al contrario, puede en todo caso fortalecernos y ayudarnos a afrontar situaciones difíciles de nuestra vida. Hemos encontrado un lugar muy especial en nuestro interior para esa persona y ya estamos listos para seguir adelante con mayor sabiduría y comprensión. 
Cabe destacar la enorme complejidad e intensidad que supone la pérdida de un hijo, probablemente esta sea la prueba más dura a la que cualquier persona pueda llegar a enfrentarse. Los sentimientos pueden ser tan desgarradores que nadie que no haya pasado por una situación similar tiene la capacidad para comprender lo que supone este sufrimiento. A muchas personas les puede resultar de gran ayuda acudir a grupos de apoyo con personas que hayan pasado o estén pasando por una situación similar. Compartir experiencias, sentimientos y emociones con quien haya pasado por esto puede resultar muy consolador y muy liberador.El dolor que sentimos se entiende como algo perfectamente normal y natural que debe seguir su curso. Pero cuando hablamos de sufrimiento nos estamos refiriendo a una emoción vinculada a un estado mental basado en falsas creencias, sentimientos de culpa y asociaciones mentales confusas causantes en última instancia de prolongar ese dolor de manera innecesaria.En situaciones de duelo solemos encontrar mucha información en libros, terapeutas, psicólogos, internet, etc. que a veces puede llegar a confundirnos. En estos casos conviene pararse un momento a reflexionar y conectar con nuestro ser interior. La reflexión profunda y la meditación pueden ser muy útiles para serenarnos, centrarnos y filtrar todo aquello que nos llega del exterior.Las personas que tenemos fe podemos apoyarnos en ella y sin duda esta experiencia nos resultará mucho más soportable puesto que encontraremos en ella un significado. Una verdadera fe ayuda enormemente a encontrar la fuerza, la confianza y la esperanza necesarias para seguir adelante.

     Conectar con nuestra dimensión espiritual quizás no consiga mitigar el dolor que todo ser humano siente ante la pérdida de un ser querido, pero una adecuada comprensión sobre la naturaleza de nuestro verdadero Ser y de lo que sucede tras la muerte física, sí que puede ayudarnos a comprender lo aparentemente incomprensible.


Más allá  (indice)

     Por “más allá” me refiero a lo que viene después de la muerte y para describir los instantes siguientes a la muerte física. Para ello podemos remitirnos al testimonio que nos han dejado los millares de personas que han tenido una experiencia cercana a la muerte. Muchos de ellos vivieron esta experiencia en un hospital siendo atendidos por médicos y enfermeras que presenciaron, y así lo certifican los expedientes médicos de estos pacientes, un estado de muerte clínica (parada cardiorespiratoria y encefalograma plano) durante varios minutos antes de ver como súbitamente recuperaban las constantes vitales.

Lo que vivieron estas personas no es fruto de ninguna alucinación a pesar de que algunos médicos así lo sostengan aduciendo a la falta de oxígeno en el cerebro o a una segregación masiva de endorfinas. Prueba de que sus percepciones visuales y auditivas eran reales son los múltiples casos en los que los pacientes aún estando ya clínicamente muertos podían escuchar perfectamente las conversaciones de los médicos e incluso podían ver y reconocer a personas que vinieron más tarde y que se encontraban situadas en una posición totalmente inalcanzable al campo visual del lugar en el que se encontraba su cuerpo. Las personas que han vivido este tipo de experiencias no solamente pierden el miedo a la muerte si no que suelen darle un importante giro a sus vidas al comprender que la muerte no existe. Ellos saben con certeza que una vez liberados del cuerpo físico la vida continua.


     Estas experiencias son relatadas por personas de todas partes del mundo con muy diversos orígenes culturales y religiosos lo que incrementa significativamente su credibilidad. Prácticamente todas ellas coinciden en una serie de características comunes como son la agradable sensación de paz y bienestar que las envuelve por completo pudiendo ver y escuchar todo lo que sucede a su alrededor. Se reconocen a ellos mismos fuera del cuerpo y lo observan desde arriba sin ningún tipo de apego hacia él. Tienen una perfecta claridad de pensamiento y se les aparece un sendero o túnel frente a ellos con una radiante Luz que se percibe al final y hacia la que se sienten atraídos. Esta visión suele venir acompañada por la de familiares y amigos ya difuntos que vienen a su encuentro para recibirlos así como por sus guías espirituales e incluso santos o maestros a los que adoraron en vida. Llegados a este punto muchos de estos testimonios explican como se resistían a tener que regresar nuevamente a su cuerpo en el momento en que se les decía que tenían que hacerlo por no haber llegado todavía su momento. Es interesante observar como por lo general este retorno a la vida supone tan ingrato esfuerzo a estas almas que por unos instantes ya se veían libres de su cuerpo y de sus vidas.

     La explicación más sencilla que se desprende de ello es que nuestro estado natural y nuestro verdadero hogar está en el Más allá como almas libres, en el plano físico estaríamos solamente de paso para crecer, aprender y evolucionar a nivel conciencial. La posibilidad de que seamos algo más que nuestro propio cuerpo es una cuestión que pertenece exclusivamente al ámbito espiritual, no existen respuestas racionales a este tema más allá de las creencias de cada uno y en última instancia a la propia conciencia.

     Viendo lo que nos dicen todas las religiones y tradiciones espirituales y esto significa hablar de creencias de varios miles de años de antigüedad en las que millones de personas han creído y siguen creyendo; todas ellas nos exponen una continuación de la vida en otros planos, dimensiones o mundos que se encuentran más allá del que conocemos. La propia ciencia, que tan alejada se ha mantenido durante siglos de las religiones, hoy día comienza a aceptar la existencia de ciertos fenómenos que les resultan inexplicables desde un razonamiento empírico como pueden ser las Experiencias Cercanas a la Muerte. Con toda esta nueva información científica nos vamos poniendo en situación de aceptar cada vez con mayor seguridad que realmente no somos nuestro cuerpo. El cuerpo físico con todos sus componentes sensoriales y orgánicos no es más que el vehículo que utiliza nuestro Ser para venir a este mundo a compartir, amar, vivir... pero que una vez concluida nuestra estancia aquí, volvemos a nuestro verdadero Hogar con todo lo aprendido.

     Tenemos miedo a la muerte porque tememos a lo desconocido.
 Según algunas tradiciones espirituales lo que nos sucede cuando morimos es que nos despojamos de nuestro cuerpo físico y accedemos a otro plano o dimensión, un plano más sutil pero tan real como pueda serlo el físico. No es fácil conseguir disipar por completo nuestro miedo a la muerte y tampoco superar la pérdida de nuestros seres más queridos. El vacío que nos produce su ausencia puede resultar muy intenso y doloroso. No obstante puede resultar de gran ayuda el conocimiento de todo lo que acontece en el más allá, del proceso que sigue a la muerte física y en última instancia del significado de nuestra propia existencia.


¿Cómo puedo yo superar el miedo a la muerte? ¿Cómo puedo dejar de tener miedo de morir?  (indice)

     Incluso el creyente más seguro y devoto puede tener miedo a la muerte. Es natural el deseo de evitar la muerte. Y la muerte no era una parte original del plan de Dios para Su creación. Fuimos hechos para ser santos y enteros viviendo en el paraíso en comunión con Dios. La introducción de la muerte fue una respuesta necesaria a la entrada del pecado en el mundo. Es una gracia que nos morimos. Si no, tendríamos que vivir en un mundo pecaminoso por toda la eternidad.Ese conocimiento no necesariamente contrarresta la reacción visceral al pensamiento de su propia mortalidad.

     La fragilidad de nuestros cuerpos físicos, y ejemplos de la cesación repentina de la vida son un recordatorio de nuestra falta de control en un mundo grande y peligroso. Tenemos una gran esperanza, que el que está en nosotros es mayor que el que está en el mundo. Y Jesús fue a preparar un lugar para nosotros para que podamos estar con Él (Juan 14,2). Pero es cierto que hay varios aspectos de la muerte que potencialmente pueden causar temor. Afortunadamente, Dios tiene una respuesta para cada uno de ellos.

Miedo a lo desconocido

¿Exactamente qué se siente al morir? ¿Qué puedes ver al salir tu vida de tu cuerpo físico? ¿Cómo ocurrirá? No se sabe con certeza lo que se siente, pero la Biblia describe lo que sucede. 2 Corintios 5,6-8 y Filipenses 1,23 dicen que cuando dejamos nuestro cuerpo, estamos presentes al Señor. Nos quedaremos en este estado hasta que Cristo venga y resucite a los creyentes cuando recibiremos un nuevo cuerpo glorificado.

Miedo para lo que se deja atrás.

Miedo del acto de morir:Pocos de nosotros sabemos cómo vamos a morir. Rápido e indoloro, en nuestros sueños, por una prolongada enfermedad o por accidente... todo esto provoca una angustia y la incapacidad de prepararnos.

     Muchas personas creen que no deberían morir porque tienen mucho por qué vivir. A menudo, esto significa que tienen responsabilidades y asuntos pendientes que no se lograrían sin ellos. Pero tener responsabilidades no te impedirá morir si es tu turno. Una planificación previa puede aliviar el miedo. Decide quién asumirá tu papel y haz un plan con esa persona. Redacta un testamento. Asegúrate de que toda la documentación necesaria está organizada y fácil de encontrar. Reconcilia las relaciones rotas antes de que no puedas. Pero no vivas para morir. Hay una diferencia entre tomar las medidas razonables y obsesionarte.

     Lo más importante a recordar acerca de la muerte es la verdad acerca de la vida. Amas a tu familia y cuidas de ellos, pero Dios les ama más. Puedes preocuparte de tu legado terrenal, pero Dios está más preocupado de una perspectiva celestial.En medio de vivir esta vida, es difícil tener en mente que esta es una condición temporal. En Juan 2,15-17 se dice: “No améis al mundo, ni las cosas que están en el mundo. Si alguno ama al mundo, el amor del Padre no está en él. Porque todo lo que hay en el mundo, los deseos de la carne, los deseos de los ojos, y la vanagloria de la vida, no proviene del Padre, sino del mundo. Y el mundo pasa, y sus deseos; pero el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre”. Permaneciendo en la verdad de la Palabra, y creyendo lo que Dios dice sobre nosotros y el mundo a nuestro alrededor, nos dará la perspectiva adecuada con respecto a esta vida y a la que recibiremos.

 

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